Reflexiones de una Coolhunter en el Monasterio de Santa Catalina

La primera impresión que tuve del Monasterio de Santa Catalina fue pensar en como pudo ser la vida en sus cuatros solares que equivalen a 20 mil metros cuadrados. 

Y pensar más aún, en su primera pobladora, Doña María Guzmán. Aquella viuda que decidio confinar su vida a la oración y el claustro. Qué tan intenso puede sentirse el dolor para ser curado en el encierro y en la fe?

En este convento no hubo discriminaciones. Ingresaron mujeres criollas, mestizas y hasta hijas de curacas.

Esta área fue capitulada en los años 1579 para su funcionamiento. 

El que ha caminado por el convento percibe en sus calles esa nostalgia típica de tradición arequipeña mezclada con aires de catolicismo, dandote esa sensación de paz que sólo en los lugares donde el espíritu de Dios ha estado tan presente, percibes aún su aleteo.

Ver que la distribución del espacio fue tan precisa para la época, te hace valorar esta joya de la Arquitectura Colonial Arequipeña.

Esta arquitectura particular fusionó la influencia española con la indígena. La directriz vino de Europa pero las manos que la forjaron eran indígenas. Se edificó este monasterio con la venia de la Pachamama y con rezos a Wiracocha en silencio.

Me llama la atención que para ser una lugar de modestia y oración, el color se hace presente en matices de rojo, blanco, azul dando como resultado un ambiente con pintorescas paredes que le dan ese toque alegre y acogedor al lugar.

Cuenta con diferentes zonas como los locutorios, donde sólo se podían hablar más no ver; las salas de meditación y de práctica religiosas son características de la influencia católica española. Y los espacios funcionales para los quehaceres como la cocina, la lavanderia, la bañera eran amplios y tradicionales; es por eso que Santa Catalina esta llena de historia.

Lo que corona tan peculiar distribución es el mirador, donde puedes ver la majestuasidad de la Ciudad Blanca, denominada así por el sillar, piedra de cantera caracteristica usada en sus construcciones y su centro histórico. 

Finalmente, aprecias a una Arequipa al pie de su volcán guardian, el Misti. 

El mirador y la torre, es lo cercano al cielo y por qué no al fundamento de la arquitectura gótica en los pináculos con el fin de acercar las edificaciones a Dios.

Es una experiencia única llena de historia, de fe y de arquitectura.

Espero puedas tener como check in visitar el Monasterio.

Te comparto las fotos que tome en dos oportunidades, pues por mis venas corre sangre arequipeña. Y porque ser Arequipeño es más que un lugar de nacimiento, es una tradición!

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Empezando nuestro recorrido en el Monasterio de Santa Catalina
Serie de Lienzos “Alma y Amor Divino” – Monasterio de Santa Catalina
Pileta de Piedra Sobria – Monasterio de Santa Catalina
Acceso la Patio del Silencio – Monasterio de Santa Catalina
Acceso al Claustro los Naranjos – Monasterio Santa Catalina
Macetero visto desde el interior de uno de las habitaciones del Monasterio de Santa Catalina
Claustros de los Naranjos – Monasterio de Santa Catalina
Mirador – Monasterio de Santa Catalina

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